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«Como siempre» es la instrucción más común que recibe un barbero y la que más caro cuesta equivocar. Cuando la dice un cliente al que atiendes desde hace dos años, no hay problema. Cuando la dice frente a la silla de alguien que hoy entró a cubrir, es una frase sin contenido.
El conocimiento existe. Está en la cabeza de un barbero, que es exactamente donde no sirve cuando ese barbero libra el martes.
Lo que de verdad hace falta anotar
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Cómo se corta
El número de máquina, dónde va el desvanecido, qué se deja arriba. Tres o cuatro palabras, no un párrafo: si la nota es larga, nadie la escribe la próxima vez.
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Cómo quedó
Una foto de cómo quedó vale más que la descripción, porque es lo que el cliente señala cuando quiere repetirlo.
- 03
Qué lleva y qué no
La barba, las cejas, el tinte: lo que sí y lo que no. La mitad de las quejas son por algo que no se pidió y se hizo.
- 04
Cada cuánto
Cada cuánto viene y cuándo fue la última vez. Un cliente que venía cada quince días y lleva dos meses sin aparecer es una llamada que vale la pena.
La ficha es del local, no del barbero
Cuando cada barbero guarda a sus clientes en su propio teléfono, la barbería no tiene clientes: tiene barberos que tienen clientes. Se nota el día que uno se va, y se nota mal.
Una ficha compartida no le quita nada a nadie: sigue siendo el barbero quien atiende. Lo que cambia es que el negocio puede seguir atendiendo cuando esa persona no está, que es la diferencia entre un local y una silla rentada.
Sin robarle tiempo al corte
Nada de esto funciona si hay que capturarlo aparte. Se anota mientras se cobra, sobre la visita que se está cerrando, o no se anota. Es la misma regla que vale para los permisos de cada persona: lo que exige un rato aparte no ocurre nunca.
ioSoft Barbería abre la ficha con la visita y guarda ahí el corte y sus fotos; el detalle está en la ficha del cliente.